
En lo referente a la política vasca, el pulpo sigue ahogando a los demócratas con sus
tentáculos. Mientras el payaso Ibarreche, que aún no se ha cambiado los calzoncillos, sigue mareando la perdiz poniendo una vela a Dios y otra al Diablo. Ibarreche, el protector de etarras no le llega la camisa al cuerpo. Menos mal que la lava con micolor.